Opinión
LA GUARDIA NACIONAL Y SU INSTITUCIONALIZACIÓN
La guardia nacional y su institucionalización

Monterrey
Jueves, 17 de enero de 2019

Opinión



La Guardia Nacional y su institucionalización
Mauricio López Sepúlveda*

@malose13

La falta de combustible —la cual insisten no es desabasto— nos tiene alejados de una de las discusiones más determinantes en la vida pública de nuestro país: la creación de la Guardia Nacional. En los últimos días, el Poder Legislativo fue testigo de una pasarela importante de gobernadores, alcaldes, funcionarios y organizaciones de la sociedad civil, cuya única intención radicó en presentar argumentos para modificar la propuesta de dictamen constitucional impulsada por el presidente López Obrador.


El dictamen aprobado en diciembre por el Senado de la República constituía a la Guardia Nacional como una institución encargada de la seguridad pública dependiente de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) en materia jerárquica, y de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) en materia de planeación e impulso de políticas públicas. Es decir, dejaba una seria ambigüedad sobre las facultades que cada una tendría a su cargo.


Sin embargo, tras la presión por parte de la sociedad civil y partidos de oposición, el Gobierno federal y el grupo parlamentario de Morena decidieron recular sobre esta decisión. Razón por la cual, la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados envió una propuesta de modificación —avalada por todos los partidos— en la que dejaban claro en el artículo 21º constitucional que la Guardia Nacional sería de carácter civil adscrita a la SSP.


A pesar de esto, la confirmación de la Guardia Nacional aún genera serias dudas en torno a la militarización del combate al crimen. En primera instancia, porque su creación no es meramente civil, ya que el artículo 1º transitorio menciona que, una vez aprobado el dictamen, la Guardia Nacional será constituida por la policía militar, naval y federal. Modificación que no sólo ignora el propósito de las policías militares y navales, las cuales son estructuras completamente militares, sino que busca combinar en una corporación civil a fuerzas castrenses desdibujando el propósito civil por el que tanto se luchó. Y en segunda, porque se carece de claridad en torno a la temporalidad en la que este órgano permanecerá realizando labores de seguridad pública.


En fin, esperemos que a pesar del “novedoso” título que pueda tener la Guardia Nacional, se generen estrategias que permitan consolidar y fortalecer lo que por mucho tiempo se ha intentado sin éxito: las policías estatales y municipales.

 

*Politólogo de la Universidad de Monterrey. Experto en temas legislativos. Coordinador de Asesores de la Presidencia de la Cámara de Diputados en la LXIII Legislatura



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